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Los Juegos Olímpicos en el cine

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Por AGR


La primera película sobre unos juegos olímpicos de la que se tiene noticia se remonta a 1906. El realizador es el operador francés Felix Mesguich, aunque la producción es británica (la empresa Urban Trading Company, perteneciente a los pioneros ingleses Charles Urban y William G. Barker). Ambos encargan a Mesguich, que había comenzado su carrera con los hermanos Lumière, que viaje por distintos países europeos para recoger “vistas movidas” (se llamaba así el cine en esos años) para proyectarlas en las salas del Reino Unido. Recorre Francia, Rusia, España, Turquía, Italia y Grecia. Es precisamente aquí donde filma un documental extraordinario sobre los segundos Juegos Olímpicos de Atenas (los primeros se habían celebrado 10 años antes en la misma ciudad).

Igual que en los años iniciales del cine, muchos actores circenses y de teatro se pasaron al nuevo espectáculo; también, aunque en menor cuantía, ocurrió otro tanto con los deportistas y atletas que destacaban. En las tres primeras décadas del siglo pasado, entre otros, dieron ese salto Johnny Weissmuller (de nadador a “Tarzán”), Sonja Henie (medalla en patinaje sobre hielo), Esther Williams (nadadora olímpica), Cornel Wilde (especialista de esgrima) o Buster Crabbe (medalla de oro en natación en 1932). Luego, a lo largo de los siguientes años, nuevos atletas olímpicos (y, por supuesto, no olímpicos) fueron incorporándose a la industria cinematográfica, como Dolph Lundgren (en los Juegos de Atlanta de 1996 participó en el equipo de pentatlón) o Ricky Bruch (medalla de bronce en Múnich 1972).

La Historia del cine ha abordado los juegos olímpicos en tres direcciones: los que se celebran en verano, los de invierno y los paralímpicos, a partir de 1960, fecha en que se crearon. Son los dos primeros quienes asumen más títulos, aunque los paralímpicos tienen algunos ejemplos (uno de ellos es “Sueños olímpicos” realizado por Lee Philips en 1978). Por otro lado, son las producciones cuyo argumento genérico enlazan con unos juegos olímpicos, aunque éstos no se vean por ningún lado, quienes suman más películas. De hecho, en muchas de ellas, no se ven las competiciones, sino que algún protagonista (por lo general atleta o deportista) se prepara para competir en ellos.

Finalmente, están las películas documentales sobre los juegos, encargadas por el Comité Olímpico a cineastas del país donde se celebran. En esta línea destaca la soberbia pieza dirigida por Leni Riefensthal durante los IX Juegos Olímpicos celebrados en la Alemania nazi, en 1936, con el título “Olimpiada”. Seguramente es el título más celebrado de la historia de esta competición. Y uno de los documentales más completos de la Historia del Cine. Se rodó en plena agitación del Nacional-Socialismo alemán, con Hitler ya en el poder. Éste ordenó a sus más cercanos colaboradores que se volcaran en la realización de “Olimpiada”. A su estreno, en 1937, asistió el propio Dictador.

“Cuando contemplamos las primeras imágenes de “Olimpiada” –escribe la revista Cámara de julio de 1943–, creímos hallar ya formas nuevas, o por lo menos insuficientemente cultivadas, en el arte excelso de la cinematografía. “Olimpiada” venía a ser a la pantalla –aparte de una exposición periodística y animada de los Juegos Olímpicos de 1936– lo que la poesía es a la literatura. Versos épicos de calidad humana y grandiosa. Sombras y contrastes. Lo inmóvil, lo yerto, lo estático; y sin transición, la vida apretada en las miradas rubias. Campos anchos. Nubes y sol. Naturaleza e Historia. Símbolos, enhebrados siempre por una mano exquisita y femenina. Solo una mujer tendría suficiente agilidad y viveza mentales para crear obra tan bella, hecha a retazos –como una paciente labor casera–; pero con un profundo sentido de unidad”.

El documental obtuvo la Coppa Mussolini en el Festival de Venecia de 1938, ex aqueo con “De una misma sangre” de Goffredo Alessandrini. Eran tiempos en que el nazismo y el fascismo se daban la mano. Pero “Olimpiada” seguramente habría conquistado otro premio de similar categoría si el certamen italiano no hubiera estado bajo el paraguas del régimen musoliniano. Es una obra colosal. Para dejarla en los 180 minutos de metraje final, se tuvieron que descartar miles y miles de metros de película, pues se rodaron nada menos que 400.000 gracias a la distribución de 45 operadores por todo el complejo olímpico. Al final se montaron solo 6.000 metros.

La propia Riefensthal se encargó de él, montándolo en dos partes: “Fest Der Völker” y “Fest Der Sch”Onheit”. En España, antes de la Guerra Civil, esta última se estrenó con el título de “Juventud Olímpica”. Pero luego se exhibiría la producción completa en julio de 1956 con el de “Olimpiada”. Para el historiador Carlos Fernández Cuenca, es una crónica puntual y apasionante de los IX Juegos Olímpicos. “Precede al film –escribe en su Antología de El cine alemán. Edición Filmoteca Nacional de España, 1961– un prólogo simbólico, que sigue el traslado de la antorcha desde la antigua Grecia hasta el Berlín moderno, prólogo que constituye un fragmento de antología cinematográfica por su extrema belleza y rica inspiración”.

En cambio, el historiador italiano Francesco Savio, mantiene algunas reservas sobre este prólogo (de un “teutonismo neoclasizante” lo denomina), aunque enseguida se explaya en elogios sobre el film: “La obra, que es simultáneamente de propaganda y documental, resulta a menudo, sobre todo en la primera parte, de una deslumbradora belleza: los numerosos puntos de vista obtenidos gracias a las innumerables tomas realizadas, la utilización de la cámara lenta y el montaje, lograron efectos dramáticos únicos como el de la carrera de maratón o los saltos de altura, con un fondo en el que dominaba la armonía y la belleza física”.

Más entusiasta es todavía el también historiador español Ángel Zúñiga, quien en su enciclopedia Una Historia del Cine (Ediciones Destino. Barcelona. 1948), asegura que “El espectador tiene la sensación de asistir, por mandato sobrenatural, a cuanto hace vivas las olimpiadas; el culto al atleta, al vigor y a la fuerza física. Vemos todos los preliminares, las pruebas, el nerviosismo o la flema del público ante la carrera, a Hitler con gestos naturales a que no nos tiene acostumbrados. La cámara ha tenido la constancia de darnos palpitante la Olimpiada”.

“Por fortuna –sigue diciendo– tampoco falta la nota irónica e incluso un realismo muy difícil de encontrar en el cine alemán de ese tiempo. Pero sobre todo posee un momento excepcional: cuando el negro Owens gana la carrera atlética, seguida milagrosamente por las cámaras, haciéndonos participar de la emoción entera de la misma. En esta carrera está como simbolizado el porvenir del nacionalsocialismo. Porque ha montado tinglados impresionantes, pero el triunfo se les escapará de las manos. Y cuando más se tiende a exaltar la pureza de la raza alemana, su superioridad, resulta que, al final, se trastoca en una apoteosis del hombre de raza negra, americano, también superior a las iras racistas del Ku-Klux-Klan, y que pone en entredicho las teorías sobre las razas inferiores que el Mein Kampf de Hitler ha propalado airado a los cuatro vientos. Y en este momento sí que debió hacer pensar al dictador alemán, a cuya gloria Leni Riefensthal había elevado estos monumentales monumentos de la cinematografía alemana nacionalsocialista”.

Menos espectacular es otro título de aquella década, igualmente alemán, aunque sin el reflujo y la fobia política del anterior. Me refiero a la película que E. A. Dupont rueda en 1933 con el título de “El corredor de Maratón”. No es como la de Riefensthal un documental, sino que cuenta con un argumento en el que se mezclan los amoríos y el deporte. Dupont era, por esos años, un cineasta de culto, gracias a “Varieté”, película que había rodado en 1925 y con la que introduce un nuevo concepto de montaje y de utilización de la cámara (sobre todo en las excepcionales tomas de la secuencia de los trapecistas).

En cierta manera, “El corredor de Maratón” es un anticipo de la gran borrachera de celuloide que van a suponer las olimpiadas cuando se inauguren en Berlín tres años después. En la película de Dupont vemos a los atletas desfilar y participar en diversas pruebas, aunque el hilo conductor será la carrera del maratón. Entre los protagonistas hay deportistas de verdad, aunque la voz cantante la llevan actores y actrices profesionales. Y de gran audiencia entre el público de la época, sobre todo Brigitte Helm (consagrada desde su primera película: “Metrópolis” rodada por Fritz Lang en 1927) que encarna a una saltadora de trampolín, enamorada del corredor de maratón, protagonizado por Hans Brausewetter.

También son campeones olímpicos Buster Crabbe e Ida Lupino en una película de las de Hollywood, donde se mezclan churras y merinas para ofrecer un argumento entre la comedia y el cine policiaco. Me estoy refiriendo a “Campeones olímpicos”, filmado por Erle C. Kenton para la Paramount en 1934. S trata de dos pillos que montan un espectáculo deportivo para embaucar al público. Los deportistas son Ida Lupino y Buster Crabbe. Como ya dije antes, éste último lo era de verdad, pues había conseguido la medalla de oro en natación en los Juegos Olímpicos de 1932, a poco de lo cual inicia su carrera cinematográfica.

La película de Kenton fue promocionada más como un evento deportivo que como cine policiaco, sobre todo por la enjundia de sus dos principales intérpretes. “Un mensaje a la juventud –decía la propaganda de la Paramount en el catálogo que recoge la salida de la película en España durante 1935– en busca de ideales de pureza moral y de belleza física. Un incomparable espectáculo que encierra una lección inolvidable. Más de 40 jóvenes atletas internacionales y otras tantas bellezas femeninas aparecen en este film a cuyo frente vemos a Buster Crabbe y a Ida Lupino”.

Crabbe es el protagonista igualmente de una película que en España se estrena con el mismo título que la anterior, y cuyo director es Sidney Lanfield. En efecto con “Campeones olímpicos” (1935) se recrea otra historia del género de comedia deportiva, en la que también intervienen Patricia Ellis y César Romero. Y aprovechando la publicidad generada por los juegos de Berlín, la Fox produce en 1937 una película de intriga titulada “Charlie Chan en los Juegos Olímpicos”, dirigida por H. Bruce Humberstone. Los juegos son una mera coincidencia, ya que la trama se enrosca alrededor de uno de los investigadores privados más famosos de la época –se filmarán varios títulos sobre él–, el detective chino Charlie Chan, interpretado por Warner Oland (que no tenía nada de chino salvo el maquillaje), como tampoco la película supone nada sobre los juegos.

En el terreno de las biografías, el cineasta de “Casablanca” (1942), Michael Curtiz, aborda la vida de Jim Thorpe en “Jim Thorpe. El declive de un campeón” (1951), donde Burt Lancaster da vida a este personaje de origen indio, nacido en la reserva de Oklahoma, que alcanza la categoría de estrella de rugby y que inicialmente fue un destacado deportista olímpico. Clásica es también la película de Charles Walters “Apartamento para tres” (1966), que sitúa la acción en la Olimpiada de Tokio de 1964. Hasta allí llegan un lord inglés, un atleta americano y una mujer, cada uno por diversos motivos, que se verán obligados a compartir un pequeño apartamento por la falta de sitios donde alojarse, en una fecha tan señalada. Jim Hutton, Cary Grant y Samantha Eggar encarnan respectivamente a cada uno de ellos.

En “La prueba del valor”, dirigida por Michael Winner en 1970, los protagonistas –corredores del maratón– tienen que pasar una difícil prueba si quieren llegar a las olimpiadas. Esa prueba consiste en bajar todo lo posible (y lo imposible) el tiempo en que tienen que hacer los 48 km de distancia de la carrera que inició los juegos Olímpicos en el año 440 antes de Cristo.

La temática de los juegos como pretexto alcanza a muchas películas. Algunas españolas, como “El complot de los anillos” de Francesca Bellmunt y “El laberinto griego” de Rafael Alcázar. En la primera, filmada en 1988, vemos a un corresponsal norteamericano llegado a Barcelona en la víspera de los Juegos Olímpicos que se implica en una trama policiaca alrededor de los mismos. La segunda, de 1992, transcurre en las mismas fechas, y trata de la búsqueda de un hombre que está escondido en la Barcelona multitudinaria de los Juegos.

Pero es Hollywood quien explota esta vena olímpica “bajo pretexto”, aunque algunas películas tienen como protagonistas a personajes que se preparan para las olimpiadas. “Doble triunfo” (1978) de Bryan Forbes es una de ellas. Aquí Tatum O’Neal interpreta a una joven que se prepara para participar en la especialidad de hípica. Es el mismo objetivo que se marca la protagonista de “Sylvester” (1985, Tim Hunter), a la que da vida Melissa Gilbert. Otro ejemplo es “La chica de oro” (Joseph Sargent, 1979) donde Susan Anton da vida a una atleta, con un físico casi perfecto, que pasa su vida en constante y durísimo entrenamiento para poder satisfacer su máxima aspiración: vencer en las Olimpiadas de Moscú.

En “Corredor” (1979) de Steven Hillard Stern, Michael Douglas encarna a un joven que sueña con participar en el desfile olímpico y correr la maratón, aunque para ello sacrificará el amor de su mujer, de su familia y un empleo seguro. “Relaciones casi perfectas” (también conocida como “La mejor marca”, 1982) de Robert Towne aporta la interpretación de Mariel Hemingway como amante de un atleta olímpico. A la olimpiada de Moscú viaja un corresponsal norteamericano (interpretado por David Keith) en “Gulag” (1984) de Robert Young, donde es detenido por la KGB e internado en un campo de trabajo, de esos bautizados como Gulag.

En “El chico de los guantes”, dirigida en 1988 por David Drury, Craig Sheffer da vida a un joven boxeador que aspira a conquistar la medalla de oro en su especialidad. Hasta los Kung Fu Kids, unos jóvenes luchadores de kárate que rodaron varios títulos en los años ochenta del pasado siglo, utilizan los juegos olímpicos para uno de ellos: “La última aventura de los Kung Fu Kids” (Chu Tan-lin When Zhan, 1988). Más prosaica es la historia de “Salto a la fama” (1992) de Strathford Hamilton. El protagonista (encarnado por Matt Adler) es un saltador de trampolín que alcanzará la medalla de oro, no sin antes pasar por un periodo en el que es presa del pánico cundo se sube al trampolín. En “El cuarto Reich” (Manie Van Rensburg, 1997), los nazis reclutan al campeón de boxeo sudafricano Robey Leibbrandt, durante los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 con el fin de apoderarse de Sudáfrica.

Más cine de ficción, aunque trata de los hechos luctuosos que se originan tras el ataque terrorista árabe contra los atletas judíos en la Olimpiada de Múnich. El ejemplo más conocido (también por ser el más reciente) es la película que Steven Spielberg rueda en 2005 con el título de “Múnich”. En ella, el cineasta norteamericano nos habla del atentado que sufrieron los atletas judíos en esas olimpiadas, y el seguimiento posterior de los terroristas por los agentes del Mosad. Sobre el mismo tema gira la película que William A. Graham rueda en 1976 con el título de “21 horas en Múnich”. William Holden interpreta al policía que investiga los hechos y persigue a los terroristas.

Pero es “Carros de fuego”, rodada por Hugh Hudson en 1981, la película sobre unos Juegos Olímpicos más conocida por el público actual. Y eso que aborda uno de los primeros juegos, los celebrados en París en 1924. El argumento se centra en la preparación de unos atletas en un exclusivo colegio inglés, donde el deporte, aunque asumido por las autoridades académicas, no cuenta con el respeto ni el apoyo que tienen las demás materias pedagógicas. A pesar de ello, irán a los juegos y algunos ganarán la preciada medalla de oro.

“Carros de fuego”, fue una de las grandes triunfadoras de los Oscar de 1982, al llevarse cuatro estatuillas, a la mejor película, guión original, vestuario y banda sonora. Esta última, compuesta por el grupo "Vangelis", ha desarrollado su propia vida musical, convirtiéndose no solo en una de las más famosas partituras del cine, sino en una de las composiciones más famosas de los últimos años. También fue el inicio o la consagración de una generación de excelentes actores británicos: Ben Cross, Ian Charleston, Nigel Havers, Nicholas Farrell, Cheryl Campbell y Alice Krige.

Para entender el origen de los juegos, el cineasta Jacques Tourneur rodó un “péplum” (cine histórico) en 1959 de alta calidad titulado “La batalla de Maratón”. Cuenta la historia de la famosa batalla en la que surgió el héroe legendario Filípides, que como se sabe fue corriendo desde Maratón a Atenas para anunciar el éxito del ejército ateniense en la guerra contra los persas en el año 440 AC. Hoy, esta distancia, es la que determina la prueba reina de las Olimpiadas: la carrera del Maratón.

Ya veíamos como Leni Riefensthal rodaba un extraordinario documental sobre los IX Juegos Olímpicos celebrados en la Alemania nazi, en 1936, con el título “Olimpiada”. La producción fue de la propia cinematografía alemana, concretamente de Olympya-Film de la Tobis. Sin embargo, a partir de 1957, se implanta un rodaje institucional de cada juego, cuyos derechos de distribución y exhibición pertenecen al Comité Olímpico Internacional, quien encarga la filmación a los cineastas más destacados de país donde tienen lugar. En los que ahora se están celebrando, ha sido el cineasta inglés Danny Boyle el encargado de mostrarlo a todo el mundo durante su inicio y también de filmar el evento en su conjunto.

Veamos ahora otros cinco ejemplos: “Cita en Melbourne” (1957) de René Lucot, “La gran Olimpiada” (1961) de Romolo Marcellini, “Olimpiada en Tokio” (1965) de Kong Ichikawa, “Olimpiada en México” (1969) de Alberto Isaac, y “Marathon” (1992) de Carlos Saura. Se trata de los documentales oficiales de las olimpiadas, respectivamente, de Melbourne en Australia, México, Tokio en Japón y Barcelona en España.

La primera de todas, la de Lucot, desplegó a los mejores cámaras australianos y también de otros países. En concreto la fotografía del documental se debe a Jacques Duhamel, Pierre Gueguen, Pierre Lebon, Georges Leclerc, Pierre Levent, Guy Maria, René Mathelin, Louis Maille, Jean Louis Picavet, Didier Tarot y Albert Viguier. La publicidad del lanzamiento en España destacaba la trama central del documental: “El ubérrimo paisaje australiano, la alegría y la luminosidad de la ciudad de Melbourne en fiestas, reproducidos en deslumbrante color, son el escenario de las hazañas de los más populares deportistas mundiales”.

“La gran Olimpiada” (1961) de Romolo Marcellini recoge las principales pruebas realizadas en la Olimpiada de Roma de 1961 (la décimo sexta). Estaba producida por el Instituto Luce, por cuenta del Comité Olímpico Internacional. Marcellini tuvo a su cargo a 6 importante operadores italianos (Aldo Allessandri, Renato Del Frate, Luigi Kuveiller, Angelo Lotti, Erico Menczer y Marco Scarpelli) que fotografiaron varios cientos de miles de metros de película, montada en su metraje final (142 minutos) por Jolanda Benvenuti, Mario Serandrei y Alberto Verdejo.

La de Tokio sumaba, además de a Ichikawa, un equipo de 28 directores, 68 operadores, 20 ingenieros de sonido y 350 técnicos. Cada olimpiada filmada aportaba nuevos logros y en la japonesa “Las cámaras –señalaba la publicidad de la Exclusivas Floralva, distribuidora que la lanzó en España– fueron capaces de captar todas las sensaciones, aún las más íntimas, del sentimiento humano: alegrías, penas, triunfos, derrotas…”.

En las de México, el encargado de dirigir al “Pequeño ejército internacional –como llamaba Pelimex al equipo de producción en su publicidad del estreno– era el cineasta Alberto Isaac. Un “Ejercito formado por 412 personas de ocho nacionalidades, encargadas de una tarea que se distingue por su intención y su afán totalizador: 15 especialistas en sonido, 23 jefes de producción y un vasto número de técnicos de todas clases, trabajaron con ánimo febril desplazándose en vehículos terrestres, acuáticos y aéreos, y utilizando el equipo más eficaz y moderno de los empleados hasta ahora, para integrar la primera parte de la tarea: 457.200 metros de negativo de color, 76.200 metros de cinta magnética, que contienen la imagen y el sonido de los momentos más memorables de los juegos. Después, la segunda parte de la tarea: el montaje de ese complejo mundo de celuloide. Meses enteros de trabajo acucioso y delicado. Y finalmente el resultado: una película que ha captado la emoción, la belleza, la acción, el sentimiento y el espíritu único de este acontecimiento irrepetible”.

El cuarto ejemplo es “Marathon” de Carlos Saura, película oficial del XXV olimpiada de Barcelona, celebrada en el verano de 1992, es decir hace ahora 20 años. El cineasta español, con la producción indirecta de Andrés Vicente Gómez y otras compañías (Ibergroup SA, Ovideo TV SA y RTVE), siempre bajo el control de la Sección de Cinematografía del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos, dirigió una película en las antípodas de las antes mencionadas: "He intentando reflejar el esfuerzo humano, que a veces se olvida cuando se habla del atletismo. He buscado la emoción del esfuerzo", dijo Saura durante su estreno en julio de 1993.

“Marathon” recoge varias disciplinas olímpicas, como la natación gimnasia, la halterofilia, el remo, la lucha, la equitación… Pero, sobre todo, busca las imágenes de las carreras y, especialmente, la del maratón. En su crónica del estreno, el periódico EL PAÍS decía lo siguiente: “En un filme en el que el deporte se sucede, en el que no hay más hilo conductor que la figura del atleta, la presencia del cineasta Saura se ve fundamentalmente en el amor al detalle. “Marathon” son planos generales del Estadio Olímpico, luchas contra el cronómetro, pero, sobre todo, piernas que corren, miradas desoladas tras el fracaso o el agotamiento, emoción hasta el derrumbe por la victoria, manos”. Y detrás de esos sufrimientos y alegrías hay nombres: Magic Johnson, Michael Jordan, Jackie Joyner, Carl Lewis, Mike Powell, Alexander Popov, Charles Barkley…

Saura empleó al gran montador español Pablo González del Amo para unificar los más de cien mil metros de película que rodó, ayudado en la dirección por su hijo, Carlos Saura Medrano, y otro gran cineasta español, Jaime Chávarri. En una película intimista como es “Marathon” no hacía falta emplear a tantos fotógrafos-operadores como hicieron sus predecesores, aunque Saura contó con un amplio equipo formado por Javier Aguirresarobe, Josep Maria Civit., Carles Cabecerán, Miguel Icaza, Alfredo Mayo y José Luis López Linares.

Como no podía ser de otra manera, el cine de animación ha abordado este evento deportivo mundial. El ejemplo más conocido es “Campeones olímpicos”, rodada por la productora de Walt Disney en 1942, en el que Goofy, por aquellos años en plena fama, compite por una medalla como corredor olímpico. El mismo personaje es también protagonista de “La olimpiada de Goofy” (1972). Y de los años treinta es el corto de otro héroe de la animación: “Popeye” quien sale compitiendo en unos juegos olímpicos. Lo dirige su creador, Dave Fleischer.

Más reciente es el ejemplo de “Los animalympicos”, filmada por Steven M. Lisberger en 1980. La trama es la siguiente: en el estadio de una isla habitada únicamente por animales, se reúnen ejemplares de todas las especies que existen en el mundo, con el fin de participar en una gran olimpiada deportiva. Los juegos comienzan con la llegada de la antorcha oficial, que ha sido traída, por medio de varios relevos, desde el lejano monte llamado "Animalimpus". Una tortuga locutor, es la encargada de retransmitirlos.

Hay casi un centenar de títulos más relacionados –directa o indirectamente– con los juegos olímpicos de verano, a los que hay que sumar varias decenas sobre los juegos olímpicos de invierno y una decena escasa sobre los juegos paralímpicos. El ejemplo más reciente sobre los primeros es el de “Astérix en los Juegos Olímpicos”, filmada por Frederic Forestier y Thomas Langman en 2008. Aquí el hijo del César, Brutus (encarnado por Benoit Poelvoorde), es desafiado por Alafolix (Stèphane Rousseau), que deben competir en los Juegos Olímpicos de Roma por la mano de Irina (Vanessa Hessler). Una película francesa. También lo es “As de ases” (Gerard Oury, 1980), donde Jean Paul Belmondo interpreta a un héroe de la aviación, perseguido por la Gestapo, que, además, es el entrenador del equipo francés de boxeo que participa en la Olimpiada de Berlín de 1936.

Seguramente que en los próximos años crecerá la filmografía, pues el deporte se va convirtiendo cada vez más en un argumento muy comercial para la taquilla, teniendo en cuenta que los atletas y deportistas están ya a la altura –si no los sobrepasan– de las estrellas de cine en las preferencias del público.

 

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