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En moto por Hanoi con Eulalia Ramón


Quien haya visto “Las cartas de Alou" (Montxo Armendáriz,1990) como Carmen; en "El Rey pasmado" (Imanol Uribe, 1991) vestida de Paca Tavora; en "Goya en Burdeos" (Carlos Saura, 1999) representando a Leocadia; en "Las manos vacías" (Marc Recha, 2002) como María; y más recientemente en el papel de otra Carmen en "El 7º día", dirigida por Carlos Saura en 2003, sabrán que Eulalia Ramón es una actriz sobria, llena de encanto expresivo, dulce y tierna cuando lo necesita su personaje, o fuerte y recia en el gesto y la mirada cuando habla por ella la mujer capaz de sentirse independiente. Pero esta barcelonesa de 53 años es también una artista de la imagen fija, de ésa que surge al lanzar una mirada penetrante del ojo por el visor de una cámara fotográfica, enfocada hacia un modelo. Éste puede ser humano o material, real o abstracto, figurativo o imaginario. Depende del momento y del ánimo, pero también de la elección que haga de él la fotógrafa. En 2005 eligió a mujeres y hombres indonesios para crear unas “fantasmagorías” en clichés fotográficos impregnados de colores manchados como esos campos de Van Gogh. Después trabajó con el escultor Xavier Mascaró para, al alimón (él quebrando el bronce y ella extrayendo el esfuerzo en placas digitales), mostrarnos lo que puede dar de sí la suma de imagen y escultura.

Ahora, la Galería madrileña ArtePaso (calle Bárbara de Braganza 10) le ha cedido su recinto para que exponga las imágenes que recogió en Hanoi hace una década, transformadas posteriormente por Eulalia en su estudio. “Mis fotos –nos dice– responden a diversas motivaciones y situaciones psicológicas, aunque a veces han surgido cuando me he enfrentado a un tema que afloraba de pronto en el lugar en el que me encontraba (como las fotos de motoristas de Hanoi). A mí me gusta fotografiar de una manera secuenciada, porque tengo la deformación de mi profesión, que es el cine: llevo rodadas muchas películas y, aunque empecé a hacer fotos mucho antes de filmar cine y mucho antes de conocer a Carlos Saura (su esposo), me gustaría estar rodando a la vez que hago fotos, pero como las dos cosas no las puedo hacer, me decanto a veces por géneros secuenciados”.

“En el Norte de Vietnam me pasé un día tirando fotos durante toda la ruta, encadenando unas con otras. Así consigo plasmar una forma de la vida de estas gentes: fotografié a una persona que estaba descargando cartones con la mascarilla de color rosa, a una viejita que había bajado del campo a vender su mercancía, a pequeños comerciantes, a niños que jugaban, a gente que iba en bicicleta o en moto por los caminos... Hago mis fotos como yo quiero hacerlas. A veces, cuando las hago deprisa, tengo la sensación de estar haciendo fotos de prensa. Algunas podrían parecerlas. Sin embargo, no pienso de antemano lo que voy hacer, tampoco localizo. Aunque hay excepciones, como cuando Vietnam aún era “virgen” (en estos años ha ido perdiendo la “virginidad” de su naturaleza y de sus gentes). Fueron fotos hechas en diapositiva. Disparé y luego las guardé en una caja para elaborar algo algún día, aunque no sabía qué. Me reencontré con ellas en el 2000 y las digitalicé. Después las trabajé de nuevo: las imprimí, las pinté, las volví a escanear, hasta que terminé todo el proceso en el 2002”.

Son algunas de estas fotos las que muestra la galería ArtePaso con el título “Hà Nộiđỏva”. En el catálogo se puede leer lo siguiente: “Eulalia se nos descubre como una mujer que no entiende la vida sin arte, sin creación; comprobamos cómo salpica sus ojos la emoción cuando al hablar de su trabajo es ella la más interesada en no dejar en el aire ni uno sólo de los detalles de su exposición, que mima como si de una ilusión infantil se tratara, como si estuviera guardando un secreto que no se debe desvelar hasta el momento final, como si todo tuviera que estar perfecto cuando, por fin, se abra el telón. Entonces, su mirada y su sonrisa nos dejan entrever a esa mujer de carácter certero, noble y sincero que tiene la capacidad de sorprenderse -y sorprendernos-compartiendo con nosotros un pedacito de corazón que se ha escapado por su retina.

Ante un escenario de ruido, tumulto, desorden, gentío, tráfico, barullo, polución, prisas…, su particular manera de convertir el caos en orden, su peculiar visión de la capital de Vietnam como un lugar que, aunque se nos aparece en blanco y negro, su propia historia, su propio carácter lo tiñe de increíbles matices de rojo. La fotógrafa, Eulalia, interpreta este color que da nombre al río en cuya orilla se sitúa la ciudad y que la cultura vietnamita nos presenta simbolizando la suerte y la buenaventura, para hacer entender, al que sepa leer entrelíneas, la increíble energía que desprende una ciudad y sus gentes y que, intencionadamente, supone un llamamiento a la armonía como orden natural.

Pleno de simbolismo, este color con el que en ArtePaso nos sentimos muy identificados, tiene además el aliciente de transmitir un intenso optimismo del que esperamos poder contagiaros.

 

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