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Las críticas en S.I.P.E y Primer Plano

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“¡Bienvenido Mr. Marshall!” recibió excelentes críticas de la mayoría de los medios de comunicación madrileños tras estrenarse en uno de sus cines más emblemáticos: el Callao, abierto al público en la plaza del mismo nombre en diciembre de 1925. Aquí recogemos dos ejemplos bastante significativos, pues se trata de las dos revistas oficiales de las instituciones más importantes donde se instaló inicialmente el Régimen franquista: la Iglesia y el Movimiento, es decir su órgano político.

A la primera pertenecía S.I.P.E. (Servicio de Información de Publicidad y Espectáculos), un boletín de carácter privado, pero íntimamente ligado a la jerarquía eclesiástica, donde se analizaban todas las publicaciones literarias y espectáculos públicos que se editaban o estrenaban en la España del posfranquismo, ejerciéndose un riguroso control sobre las opiniones y las ideas de sus autores. En la época donde aparece la reseña de “¡Bienvenido Mr. Marshall!” (S.I.P.E. 462 y 463 del 12 de abril de 1953), ejercía la crítica el periodista y escritor  José Manuel Vivanco. A él se debe, por lo tanto, el análisis que hace de ella, firmado con las iniciales JMV.

Del Movimiento recibía su sustento Primer Plano, y como tal reflejaba, en lo referente a  su ideario cinematográfico, la ortodoxia de las autoridades vencedoras de la Guerra Civil. Su primera hornada de críticos y periodistas llegaron del falangismo, y falangista era el crítico que analizó la película de Berlanga, José Luis Gómez Tello. 



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“¡Bienvenido Mr. Marshall!”
Callao, 4-IV-53


El cine español debe buscar nuevos caminos y nuevos horizontes que vayan ensanchando sus posibilidades. Somos un pueblo de imaginación rica, y resulta difícilmente comprensible la limitación de temas y la pobreza de los guiones que de un modo general constituyen el lunar mayor de nuestras películas La renovación y mayor inquietud que parece haberse advertido últimamente son una buena señal. Por eso nos parece bien cualquier aportación de originalidad que traiga una película española. “¡Bienvenido Mr. Marshall!” encierra una idea. Una idea que tal vez pudo haber encontrado un más completo desarrollo, acentuando algunos personajes, limitando el tono caricaturesco de otros y ahondando más en la poesía de este pueblo que la voz de Fernando Rey nos presenta, con sus gentes, su iglesia, su plaza, sus campos y su vida apacible turbada bruscamente al anuncio de la llegada de unos americanos que traen sus dólares. Pero, al fin y al cabo, una idea con originalidad, lo que en el cine es importante. Bardem había escrito antes el guión de “Esa pareja feliz” y entre las dos películas se advierte su preocupación por lo humano, por lo cotidianos, por las pequeñas cosas de la existencia, deduciendo de ellas una filosofía joven, sana y optimista. Este lenguaje encuentra su expresión en el estilo de Luis García Berlanga, realizador también joven, orientado hacia un cine moderno, que diga algo y lo diga con el peso –o más bien con la levedad– de las imágenes. No es, naturalmente, esta película algo completo, y hay en ella lunares inevitables. Pero con influencias del cine francés y del cine italiano, se acusan ya las posibilidades de un realizador, y sobre todo su habilidad para desarrollar una tesis transcendente de un modo fácil y risueño. Algunas escenas son francamente hilarantes. En general, la cinta se mantiene en un risueño tono humorístico, con la ternura a flor de piel y con aguda observación de los detalles. La belleza campesina de algunas imágenes, el vanguardismo del sueño del párroco y el tierno final son méritos que conviene subrayar. En la interpretación, los mejores actores son los que se han beneficiado de la mayor personalidad de sus personajes, como Manolo Morán, José Isbert y Luis Pérez de León. (Firmado: José Luis Gómez Tello)


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Ficha 5599. “¡Bienvenido Mr. Marshall!”
2.–Tol. 4-IV 1953 Española


Loable empeño el de esta película española, que viene a romper los cauces estancados de toda una concepción cinematográfica para abrir nuevas perspectivas que sirvan de derrotero al afianzamiento del cine nacional. Su carácter satírico y su fino humorismo en otras ocasiones son francamente deliciosos, con escenas logradísimas, como algunos de los sueños de los personajes o lo referente al folklore, del que tanto abusan en serio otros productores. Lo que encierra de crítica resulta muy acertado y ofrece cierta profundidad dentro de la aparente intrascendencia del film.

Muy bien realizado por Luis G. Berlanga, posee una serie de virtudes que no es frecuente admirar en películas españolas, y resiste la comparación con otras extranjeras. También puede ponderarse su interpretación –cosa menos frecuente aún–, aunque en este aspecto se acuse algún otro fallo de poca monta. Lolita Sevilla está muy bien en su papel, y José Isbert y Manolo Morán saben poner la gracia que les caracteriza en los suyos.

En el aspecto moral no hay defectos graves que apuntarle, pudiendo ser vista sin inconveniente por jóvenes. (Firmado por J.M.V., iniciales de José Manuel Vivanco)

 

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