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Se fue Sara Montiel, “La primera auténtica gran estrella del cine español”

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'La violetera', de Luis César Amadori"Veracruz". Robert Aldrich. 1954Todos los países tienen sus ciudadanos populares. Pero pocos tienen ciudadanos estrellas. España acaba de perder una, la más antigua que le quedaba: Sara Montiel. Ha habido cuatro manchegos de traza universal: Don Quijote, Pedro Almodóvar, Antonio López y la actriz que acaba de fallecer. Sara no fue la única estrella que tuvo España en el pasado; esa medalla le llegó después de que ya fuera una actriz popular en México y una hispana en Hollywood de las de segunda categoría (de nacionalidad mexicana principalmente, aunque también las había argentinas).

Porque en la primera categoría solo estaban Dolores del Río, Lupe Vélez, Ricardo Cortez o Gilbert Roland (que en realidad se llamaba Luis Antonio Dámaso Alonso). Un español más popular que Sara en Hollywood era Antonio Moreno, que había sido el oponente masculino de Greta Garbo en “La tierra de todos”, dirigida por Fred Niblo en 1926 y luego seguiría con papeles secundarios en títulos como “La mujer y el monstruo” de Jack Arnold, 1954 y “Centauros del desierto” de John Ford, 1956. Antes de que Sarita recalara en el imperio de las Major.

Cuando aterriza en Hollywood, arropada por sus éxitos en México y, principalmente, con el apoyo que recibe de otro español de gran relevancia en el barrio cinematográfico de Los Angeles llamado Enrique Herreros (más desconocido para el gran público), Sara, en su país, era un actriz más de las muchas secundarias que había en la España de entonces. Le debía mucho a Alfonso Sánchez, el crítico de cine que la descubrió en el “trastero” del rodaje de “Bambú”, una película que José Luis Sáenz de Heredia rodaba en 1945. Y, como buen amigo de Herreros, entonces cartelista y responsable publicitario de MGM en España, se la presentó.

"Mi último tango", de Luis César AmadoriEn los años 50Entre ambos y, por supuesto, también gracias a sus dotes personales, consiguió subir de escalafón y colocarse en un plano de secundaria de cierto peso en las películas que CIFESA y otras productoras españolas de la época filmaron en los años siguientes. Eso sí, siempre a la sombra de las actrices-estrella de aquella España: de Blanca de Silos en “Mariana Rebull”, 1947, también de Sáenz de Heredia; de Aurora Bautista en “Locura de amor” de Juan de Orduña, 1948; o de Aurora Bautista, con el mismo director, en “Pequeñeces”, 1950.

Como de ahí no pasaba, la propuesta que le hicieron de irse a probar suerte en la américas la tomó sin dudarlo y, en 1951, comienza su carrera en México para continuarla en Hollywood y, finalmente, recalar otra vez en su tierra natal donde, en 1957, de nuevo a las órdenes de Orduña, interpreta “El último cuplé”, película en la que exhibe un talento especial de seductora belleza, acompañado de otras cualidades artísticas y humanas –casis siempre extracinematográficas– que permanecerán siempre con ella y que hará valer entre el público español hasta el momento mismo de su muerte.

Una de estas cualidades fue lograr un respeto del público que supo cultivar siempre, dándose a él en cuantas ocasiones se lo pidió. El estrellato le llegó con ese dramón de Orduña que Sara convirtió en una fuente de ingresos para los productores como pocas veces había ocurrido, hasta ese momento, en la industria española. Y en ello tuvo que ver no solo su fotogénica interpretación, sino la selección de canciones de José Solano que cantó con su voz cansina, reflectante y soterrada que todos conocemos. Una locución, por cierto, que no gustó a los productores, los cuales quisieron doblarla contra la opinión de Orduña (que al final se impuso), que veía en ella unas cualidades sonoras que no veían los demás.

En los años 50, promoción para Suevia FilmsEn los años 50, promoción para Suevia FilmsAsí que no fueron sus películas interpretadas con Gary Cooper y Burt Lancaster (“Veracruz” de Robert Aldrich, 1954) o con Mario Lanza y Joan Fontaine (“Dos pasiones y un amor” que rodó en 1956 dirigida por el cineasta que sería su marido, Anthony Mann) o al lado de Rod Steiger interpretando a la joven india Yellow Moccasin, a las órdenes de Samuel Fuller, las que la convertirían en nuestra estrella nacional (categoría que compartiría desde entonces con Imperio Argentina), sino el papel de María Luján en “El último cuplé”.

Y como no hay una sin dos y, a veces, tres, Sara dio por tres veces en la diana del personaje y de la película de éxito rodando, tras la de Orduña, dos nuevos dramas musicales a las órdenes de dos cineastas argentinos que por entonces trabajaban en España: “La violetera” (1958) con Luis César Amadori y “Carmen la de Ronda” (1959) con Tulio Demicheli. Soledad Moreno y Carmen se llamaban sus personajes respectivos. Y en esa línea siguieron algunos más, explotando el filón que “El último cuplé” había abierto, y que nada añaden a lo que ya se había visto de ella.

El cineasta español Jorge Grau, escribió un libro en 1961 titulado “El actor y el cine”, antes de que rodara “Noche de verano” (1962) y “El espontáneo” (1964), convirtiéndose así en uno de los iniciadores de lo que el también escritor Manuel Villegas López denominó Nuevo Cine Español. En él elige a la que, a su juicio, por entonces, era la élite de la interpretación internacional, y analiza sus características artísticas y profesionales. En esa élite sitúa solo a tres españoles: José Isbert, Fernando Rey y Sara Montiel. Y a esta la describe como la demostración más clara de la influencia del ambiente de la fotogenia de nuestras mujeres actrices.

“Sara Montiel, mujer muy bella –escribe Grau–, de auténtica belleza popular española, es una actriz discreta en nuestra cinematografía, capaz de soportar un papel estelar pero no de apasionar a los espectadores, de atraer por sí sola al público cinematográfico. Casó con un director norteamericano, viajó por México y llegó hasta Hollywood. A la vuelta a la patria, sin haber ganado apenas como actriz, se convirtió en una estrella, en una figura importante que polarizaba la atención general: era la primera auténtica gran estrella del cine español”.

Y a parte de sus cualidades personales y artísticas, Grau descubre en Sara Montiel otra faceta especial que le llevó a triunfar en nuestro país: “Las canciones acertadamente incluidas en sus películas actuales, por lo menos en la primera de ellas. Ha sabido darles la suficiente claridad de dicción para que el público las entienda perfectamente, sin esfuerzo –lo cual siempre es altamente agradecido– y la intención que les da gracia. El peligro está en la repetición de la fórmula, pero tampoco hay que pedirle peras al olmo. Ha llenado un espacio en nuestras pantallas y ha venido a demostrarnos que es posible que una actriz española llegue a interesar de verdad al público, lo cual es altamente importante”.Una postal con su imagenEn el Hotel Palace, en la presentación del libro dedicado a JanoEn el Hotel Palace, en la presentación del libro dedicado a Jano

Esto lo escribió en 1961, siete años antes de que el cineasta catalán dirigiría a la actriz manchega en “Tuset Street”, una película llena de incidencias, empezando por la decisión de la actriz de echar al primer director elegido para rodarla, Luis Marquina, siendo sustituido por Grau. Éste se la encontró ya prácticamente organizada y poco pudo hacer para levantar lo que ya estaba por los suelos del guión y de la personalidad de Sara. Su personaje de Violeta Riscal es lo último que da como actriz, y no es, precisamente, bueno.

Pero a todos nos llega la decadencia, y a unos antes que a otros. La de Sara Montiel, como actriz, podemos situarla en torno a la película de Jorge Grau (aunque él no tuvo la culpa). Pero como personaje, como estrella cautivadora de los públicos, su fulgor solo se ha apagado, ahora, con su muerte. Nos queda su trabajo, su biografía, sus recorridos por el mundo de los famosos de todo el mundo. ¿Qué hay de verdad en todo eso que se ha escrito y se seguirá escribiendo de ella como mujer y como estrella? ¿Qué le quedaba de aquella manchega de Campo de Criptana, donde había nacido el 10 de marzo de 1928, y en donde la bautizaron con el nombre de María Antonia Abad Fernández?

Tampoco, quizá, importe mucho averiguarlo. Algún día, dentro de unos pocos años, casi todos se habrán olvidado de una y de otra, y cuando alguien encuentre su nombre colocado en una placa a la entrada de una calle madrileña o de la población manchega que la vio nacer, quizá se pregunte ¿quién sería esta Sara Montiel? Fue eso: la actriz que representó a España en el Olimpo de las estrellas cinematográficas.

Caricaturas del cartelista Jano
'La ambiciosa', de Alfredo B. Crevenna. 1955
Sara Montiel, en los años 40. Parque del Buen Retiro de Madrid.
'La violetera', de Luis César Amadori. 1958

'El misterioso viajero del Clipper', de Gonzalo Delgrás. 1945. A la derecha.
Con Jorge Negrete en 'Pequeñeces', de Juan de Orduña. 1950
'Yuma', de Samuel Fuller. 1957
'Yuma', de Samuel Fuller. 1957. Junto a Rod Steiger
 

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