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El estilo Universal Films Española en los programas de mano


Uno de los estudios cinematográficos de Hollywood que, desde los inicios, contribuyeron más al desarrollo de la publicidad cinematográfica, fueron los de Universal, cuyos géneros más emblemáticos –sobre todo el cine de terror, el drama, la ciencia ficción, el policíaco y las aventuras– ayudaron a que los artistas y artesanos del departamento de publicidad, sellaran una línea de trabajo que marcó a la compañía durante muchos años. Línea de trabajo que se extendió a las oficinas de los diferentes países donde llegaron a establecerse, entre ellos España, aunque aquí, los que colaboraron en ella para hacer diseños para carteles, guías o programas de mano, tuvieron su propia impronta, al menos durante las décadas de los 30, 40 y 50, especialmente en el diseño de programas de mano.  Lo vemos en los programas que exhibimos en este trabajo.

Universal Films Española S.A., establecida en Barcelona desde sus inicios –con sucursales en muchas provincias–, funcionó de manera relativamente independiente de sus estudios nodriza desde los años treinta. En realidad, la distribuidora española se creó como mera sucursal de Universal Pictures en el mes de mayo de 1922, cabiéndole el honor de estrenar el primer catálogo sonoro de sus películas de terror, entre las que se encontraban “El Doctor Frankenstein” (James Whale, 1931), “Drácula” (Tod Browning, 1931), “La momia” (Karl Freund, 1932) y “El hombre invisible”  (James Whale, 1933). Aunque no fue hasta 1935 que logra su autonomía, tras entrar como Consejero-Delegado Enrique Aguilar Campderrós, quien será el motor de una nueva época para la distribuidora, en cuyo cargo permanecerá hasta finales de los años cincuenta. Sería prolijo y extenso mencionar los estrenos que planificó este hombre y su equipo a lo largo de estas dos décadas, pero debemos destacar que fue él quien apadrinó la filosofía artística de la casa durante este tiempo, y fue él quien  contrató al equipo que estuvo dibujando la publicidad de la compañía.

Y dentro de esta publicidad, la variedad del programa de mano, tuvo un estilo personal, distinguiéndose claramente de los demás esquemas publicitarios que, bajo estas características, se hacían en España por entonces.  Eso lo vemos en los ejemplos que les proponemos. Todos ellos responden a un estilo concreto, tanto en la utilización de colores como en las tipografías y, sobre todo, en el trazado de diseños uniformes que, en el conjunto pictórico del folleto, ofrecen similitudes en los argumentos de comunicación dirigidos al espectador. Este estilo colorido, basado en la técnica del collage a veces y otras en la del póster, supuso para el programa de mano de Universal Films Española una riqueza cromática que no se podía percibir, como escuela, en los otros programas de la época, salvo, tal vez, en los que realiza MGM en los años cuarenta y parte de los cincuenta, así como los que imprime Hispano Fox Films para las películas de la 20th Century Fox, aunque aquí, la huella de Soligó, el dibujante de la casa, destacaba de manera personal.

En cambio, en Universal Films Española, aunque hay pintores y artistas que estampan su huella individual, se impone el estilo de equipo, lo que vemos en la falta de firma de estos folletos que servían como propaganda que anunciaba las próximas películas a estrenar y que se entregaban de manera gratuita a los aficionados que acudían a los cines. Sin embargo, como decimos, también se hacían encargos a dibujantes externos. En Universal Films Española trabajaron cartelistas como Albericio, Alé, Borb, Edi, Fard, Fernández, M.G. Varné, Mac, Piñana, mcp  o Tulla. Y todas sus creaciones parecen sumarse a ese estilo de la casa que favorecía Enrique Aguilar.

Resulta curioso cuanto menos comprobar la semejanza y equivalencia de colores y de tipografías existentes en los programas de mano de esta época en la distribuidora española. Podemos proponer dos razones –pero hay otras- que nos ayudarían a comprender este procedimiento. Por un lado la necesidad de evidenciar el talante del argumento de cada película o género, utilizando los fuertes colores y sus diferenciados contrastes, con el añadido de la fuerza que brindaban los caracteres tipográficos, como armas de comunicación primarias y poderosas. Y, por otro lado, la sensación de que obrando así, diseñando de esta manera, el espectador de la época acaba más decidido a ver la película. En todo caso podía pensarse que primaban los motivos comerciales por encima de cualquier otra cosa, lo que parece evidente en un negocio como el del cine, pero había detrás de todo ello un interés por agradar, por hacer algo bello en cuanto al diseño, sutil respecto a la composición gráfica. Lo que no era poco para lograr los objetivos de que viesen la película el mayor número de espectadores posible.

Desde el punto de vista del diseño son inigualables: en cada uno de ellos los colores hablan, comunican sensaciones y sentimientos; hay tonalidades muy características que distinguen a los personajes “buenos” de los “malos”: verdes oscuros para éstos y anaranjados, rosas y amarillos para los primeros. Los fondos o los primeros planos, virados en rojo, azules, violetas o negros favorecen la comprensión del clímax de la película mucho antes de haber entrado a verla; la construcción del dibujo, en bloques.

 

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