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El primer sello ha cumplido ya 71 años

Por Alejandro Fernández Pombo, periodista, escritor y coleccionista de sellos

(Este artículo fue publicado en AGR 24)


Si el cine ha llenado ¡y de qué manera! la historia del mundo en el siglo XX, no podía faltar su presencia en la Filatelia que no en vano ha sido reconocida como una ciencia auxiliar de la Historia. Sin embargo hizo falta que el cinematógrafo cumpliera su primer medio siglo para que esto se reconociese tímidamente y otro medio siglo hasta que el celuloide se entregara amorosamente a los papelito dentados necesarios para el franqueo postal. 

Parece ser que la primera comparecencia del tema del cinema en la filatelia universal tuvo lugar en los Estados Unidos, y es natural que así fuese, pues sin entrar en la nunca resuelta polémica de quien inventó lo que vendría luego a llamarse el “séptimo arte” y sin quitar un ápice de gloria a los hermanos Lumière, lo que nadie puede discutir es que  Norteamérica, “capital” Hollywood, es la gran patria del cine, la que hizo de este invento uno de los más transcendentes en la historia de la Humanidad, tanto en la cultura, como en las costumbres, e incluso en la economía y sin olvidarnos de la política.

Pero las gentes del Correo tardaron en darse cuenta de ello y reconocerlo; una prueba puede ser la tardía aparición en los sellos llamados conmemorativos que habían demostrado que los sellos eran algo más que timbre o impuesto para costear los envíos postales, ya que también podían ser un vehículo de la cultura, la propaganda, la publicidad y la educación. Me refiero al momento en que en vez de reproducir la faz del jefe del estado, el escudo del país o las cifras que marcan su valor postal, recuerdan, por ejemplo, el cuarto centenario del descubrimiento de América o el tercer centenario de la primera edición del Quijote, por hablar de las emisiones que marcan el nacimiento de la filatelia temática  en Estados Unidos (1893) y en España (1905), respectivamente.

 

El primer sello surge en USA en 1945

En este estado de cosas, cuando las cartas empiezan a circular con historias, monumentos y paisajes, con alusiones deportivas y lecciones de fauna o de botánica, con expresiones religiosas y anuncios de toda clase de acontecimientos, llega por fin el día en que Norteamérica se acuerda del cine y le dedica un sello en 1945. Un sencillo sello, que no deja de ser significativo. Está terminando la Segunda Guerra Mundial, prácticamente resuelta en Europa, y a punto de liquidarse en el Pacifico. El sello representa una sesión de cinematógrafo a la que asiste un público formado exclusivamente por marines de los que hacían la guerra -a punto de terminar- en los mares del Sur.

Por lo tanto no solo es el primer sello en el mundo, y un homenaje al cine en el cincuentenario del invento, como se dice en el sello, sino también el reconocimiento de como el cine puede ser un arma  para levantar la moral, y el espíritu, como elemento de propaganda. No en vano en esos mismos meses se emiten sellos conmemorando la batalla de Iwo Jima, con la famosa fotografía de los soldados levantando la bandera, o el desfile del ejército norteamericano por las avenidas del París liberado.

Pero tras la paz, ha comenzado otro enfrentamiento, la “guerra fría”, entre el Este y el Oeste, que se desarrolla en todos los campos; también en la Filatelia y en el cine. Por eso no es extraño que la URSS ponga en circulación en 1950 un sello dedicado al cine, naturalmente al cine soviético, conmemorando los primeros treinta años de su existencia, de 1919 a 1949, lo que demuestra que, desde el establecimiento del nuevo régimen ruso, el Partido Comunista se dio cuenta de la importancia social del invento, lo  que supo aprovechar con algunas películas excepcionales, técnica y artísticamente, para que fueran elemento de propaganda.

Una de esas películas, realizada en 1932 fue Chapaiev, el guerrillero rojo a la que se dedicó un sello 30 años después de su realización, en 1962. El autor de estas líneas tiene la suficiente edad para poder recordar que en los años de la guerra civil española, en la zona republicana, se llevaba de vez en cuando a los escolares, entre los que me encontraba,  a presenciar los pases de aquella película, por lo que era frecuente que cuando los chicos jugábamos a las guerras más de uno quisiera ser Chapaiev.

Pero volviendo a los primeros sellos de cine, hay que retroceder y volver al año 1955 y encontrar en Francia un sello en honor, con toda la razón, de los inventores del cine, los hermanos Auguste y Louis Lumière. Seguramente no se habían hecho antes porque el mayor de los hermanos, Auguste, vivió hasta 1954 y Francia como otros países tiene por norma no dedicar sellos a personajes vivos, salvo los jefes de Estado. Los hermanos Lumière aparecerán también en los sellos de otros países, entre ellos España como veremos en su momento.
Unos años más tarde, en 1961, Francia hizo un sello para uno de los “padres” del cine, Georges Méliès; junto a su efigie aparece una escena de su película más famosa, El viaje a la luna (1902), que venía a ser el primer film proyectado en un sello, un año antes que el Chapaiev soviético.

Aun dentro de Francia y en el mismo año de 1961, hay un curioso sello que puede quizá incluirse en este repertorio por representar, aunque no oficialmente, a una actriz de cine. Como es sabido, Francia ha tenido siempre como serie básica para el franqueo sellos con una dama, “Marianne”, símbolo de la República, cuyo rostro va cambiando según el gusto de los sucesivos pintores que la interpretan. En este año fue Cocteau el encargado, e hizo una “Marianne” juvenil y moderna en la que muchos franceses, y bastantes que no lo son, vieron los rasgos esquemáticos de Brigitte Bardot, que en esos momentos era también todo un símbolo de Francia.

Al querer seguir las coordenadas de tiempo y espacio, estamos obligados a dar algunos saltos y pasos hacia atrás. Volvemos, pues, ahora  a la década de los cincuenta donde nos encontramos con  los primeros sellos en los que figura  (ahora sí, oficialmente) una actriz de cine, pero la verdad es que nos es por ser actriz (al menos directamente por eso) por lo que se le hacen aquellos sellos y los que vinieron después. Nos referimos  a Grace Kelly, estrella de Hollywood, ganadora de un Oscar, que el 19 de abril de 1956 se casa con el príncipe Rainiero de Mónaco (que es de suponer que si se casó con ella, al menos la conoció, por ser actriz). Ese mismo día salieron ocho sellos en los que figura Grace con su esposo. Hubo muchos sellos hasta su muerte por accidente en 1982, y aun después, como recuerdo y homenaje. Conviene recordar como curiosidad que Rainiero, esposo y viudo de Grace, tiene una excelente colección filatélica de su principado y que incluso él mismo ha diseñado alguno de sus sellos.  

Estos sellos iniciales no suponen estímulo suficiente para que el cine se convierta en un objeto de la filatelia mundial. Habrá que esperar, por lo menos, a los años sesenta, los setenta y aun los ochenta. En España y en otros países.

La filatelia española no va todavía al cine

En aquellos años 80, Mary G. Santa Eulalia, periodista especializada en la crítica de cine y en la historia del cine como espectáculo en Madrid, y a la vez coleccionista de sellos de cine,  publica toda una página de huecograbado en “Ya” diario madrileño aún de gran tirada, con un titular categórico: “No hay un sitio para el cine en la filatelia española”. Porque efectivamente nuestros sellos le habían ignorado. “Por razones inexplicables –se decía en el reportaje-, España permanece al margen. No muestra interés por añadir una nueva materia al inventario en el que se barajan los temas de arquitectura, de pintura, de religión, de uniformes, de fundaciones, etc.”

Y la autora recuerda que nuestra patria está vinculada al cine desde sus orígenes: Eduardo Jimeno rodando la salida de misa del Pilar de Zaragoza en 1986 o los efectos especiales de Chomón, son prueba de ello. Y también están ahí los Oscar, entonces, en 1980, a dos españoles: Luis Buñuel como director, y Néstor Almendros por la fotografía. Pronto habría otro Oscar, el de José Luis Garci, que de momento fue ninguneado, aunque luego se reparó el fallo como ahora veremos.

El desprecio o la ignorancia a los Oscar no era sólo en nuestro país, sino en el país del cine. La misma autora se queja, ya en los 90, en 1993, esta vez en una revista de sellos,  “Crónica Filatélica”. Mary G. Santa Eulalia escribía, bajo el titular de “El Oscar en el limbo”, que aunque algunos de los premiados por el Oscar, como Douglas Fairbanks, Walt Disney o Gershwin, e incluso algunas películas de las que acapararon varias estatuillas (o estuvieron promovidas para ello), han merecido sellos, como es el caso de El Mago de Oz (Victor Fleming, 1939), Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939), Beau Geste (William A. Wellman,1939) y La diligencia (John Ford, 1939) a las que se dedico una hermosa emisión en 1990, no se haya  hecho en ninguno de esos casos alguna alusión al premio y, sobre todo, que no haya habido un sello para el premio en sí o para el ganador del primer trofeo, Emil Jannings.

Pero volvamos a los citados años ochenta que marcan la atención –¡por fin!, repetimos– de la Filatelia hacia al cine. Nos interesan en particular dos aportaciones novedosas, una de ellas es la británica, la otra la española. De ellas hablaremos luego, pero antes queremos referirnos a la avalancha que va a llegar con el centenario o, mejor dicho, de los centenarios del cine: de su invento, de las primeras proyecciones en cada país, de las primeras producciones nacionales. Hay quien, si no tiene buen cine, se acuerda de que tiene buenos actores, como es el caso de Israel (los hermanos Marx, Peter Sellers, Simone Signoret, Dani Kaye...y no son los únicos). Y los que ni tienen películas ni actores propios, como es Guinea Ecuatorial, rinden homenaje a Casablanca (Michael Curtiz, 1942) Viridiana (Luis Buñuel, 1961) o una de Laurel y Hardy.

No podemos hablar de todos estos sellos, ni siquiera enumerarlos. Sólo nos referiremos, como es inevitable en esta cuestión, a Estados Unidos, que emite una serie titulada “Leyendas del Cine”, por la que van desfilando Marilyn Monroe, James Dean, Humphrey Bogart, Audrey Hepburn, Alfred Hitchcock  y hasta el Conejo de la Suerte. Las tiradas y las ventas baten marcas y alcanzan cifras muchas veces multimillonarias. Su ejemplo cunde y los establecimientos filatélicos acaban teniendo más estrellas que la Metro, la Fox y la Columbia juntas.

Los ingleses y españoles

Mientras tanto cumplamos la promesa de hablar de sellos españoles y de los sellos de los británicos.

El Reino Unido, que  estaba siendo ya uno  de los países que más contribuyen al esplendor del cine en el mundo, también tarda en ocuparse de su presencia en los sellos, aunque exista la disculpa de que los ingleses, inventores del sello en 1840, fueron los que más se retrasaron en aceptar los sellos conmemorativos, lo que por fin se hizo en los años sesenta, aunque sin prescindir de incluir siempre en el sello la efigie del soberano (entonces y ahora, la soberana) aunque cada vez de tamaño más pequeño, reducido al fin a un mínimo perfil de una juvenil Isabel II. Y es en 1985 cuando emite una emisión denominada “El Cine Británico. Actores y realizadores.” Es realmente una emisión notable y digna.  Son cinco sellos con cinco excelentes fotografías de otros tantos maestros del cine universal: Peter Sellers, David Niven, Charles Chaplin, Vivien Leigh y Alfred Hitchcock.

Poco más de un decenio después, vuelve el Reino Unido a hacer una emisión memorable relacionada con el cine: en este caso con el hecho social de “ir al cine”: “Going to  the Picture” son cinco valores en los que se representa un clásico cine Odeon de 1930, el símbolo de los antiguos noticiarios Pathé News, una antigua entrada o tique, un cartel de sala moderna y una pantalla con un beso histórico, el de Laurence Olivier y Vivien Leigh en Lady Hamilton (Alexander Korda, 1941).  

España: para empezar, un sello de Charlot

Haciendo girar de nuevo hacia atrás en la moviola del tiempo, dentro de los ochenta, también España (¿habría que decir de nuevo por fin?) se incorpora a los países productores de este género filo-cinematográfico con un sello dedicado a Charles Chaplin en su centenario. No es mal principio, sobre todo si se tiene en cuenta que nuestro país no ha sido pródigo en prestar atención desde sus sellos a las grandes figuras universales de la cultura que no son españolas.

Otro centenario, el del cine, convertirá ya en los 90 al cine español en huésped de los sellos durante unos años. En 1994, el 28 de enero, el correo pone en circulación dos sellos bajo la denominación de “Cine español”. En uno, de 23 pesetas como valor facial, según el diseño de Mariano Salamanca, se ve el rostro de Luis Buñuel junto a un proyector; el genial y oscarizado director aragonés había fallecido once años antes. En el otro sello, de 55 pesetas, diseño de A. Millán, está presente Segundo Chomón, el cineasta español que vivió de 1871 a 1929 y que fue un adelantado en el logro de los efectos especiales en la época heroica del cine. Del primero de los sellos (tarifa para el franqueo interior) se hicieron diez millones de copias, y del segundo (tarifa para el extranjero), dos millones y medio. Al año siguiente, en 1995,  se emiten otros dos sellos bajo el mismo título de “Cine Español”. En esta ocasión están dedicados a dos títulos, los dos que habían ganado recientemente el Oscar a la Mejor Película que no fuera de habla inglesa. El sello, de 30 pesetas para Belle Epoque, de Fernando Trueba, premiada en 1993, y el de 60 pesetas para Volver a empezar, de José Luis Garci,  que lo había sido en 1982. En uno y otro sello el diseño es de José Luis Suárez  y se reduce a reproducir los  carteles de las películas, demasiado complicados, sobre todo el primero, para que resulten atractivos en la obligada reducción al minúsculo tamaño de un sello, en el que por cierto, eso sí, con lupa, pueden distinguirse los actores, todos ellos vivos, y por muchos años, con lo que se alteran las normas de que no aparezcan en los sellos personas vivas, salvo los jefes de estado de cualquier país y los miembros de la familia real española.

En ese mismo año, en el que se cumple el centenario del cine, en la serie de efemérides, un sello está dedicado a recordarlo con el retrato de los hermanos Lumière y una cámara cinematográfica, según el dibujo de José Luis Suárez. La tirada fue de dos millones y medio.

En 1996 dos nuevos sellos de la serie  “Cine español”, en este caso con dos películas que podrían ser calificadas como emblemáticas, un adjetivo muy usado y no siempre bien, pero que yo creo que esta vez sí. Salida de la misa de doce del Pilar de Zaragoza, nuestro primer film, rodado cien años antes, en 1896, por Eduardo Jimeno Peromarta y Eduardo Jimeno Correas, y Bienvenido Mister Marshall, de Luis García Berlanga, en 1952, que por su  realización, su tema y su éxito es todo un hito de nuestro cine. Los diseños de Miguel Ángel Escobar, partiendo de un fotograma de la película de los Jimeno, y de Mariano Salamanca sobre un programa del film de Berlanga.

Aún en 1997, pero por última vez,  se continúa la serie de “Cine Español” con dos filmes representativos del nuevo cine y cuyo recuerdo ha sobrevivido por lo menos hasta el siglo actual. El viaje a ninguna parte, rodada en 1996, dirigida e interpretada por Fernando Fernán-Gómez, y El Sur, de 1983, con dirección de Víctor Erice. También es este caso los sellos son la reducción extrema de sendos carteles anunciadores, según el diseño de José Antonio Plaza; pero así como el cartel de El Sur, por su sencillez casi esquemática, da lugar a un sello de gran belleza, el de Viaje a ninguna parte, que reproduce la troupe de cómicos en un paisaje castellano, resulta tan pequeño que no permite apreciar el encanto del cartel original.

Terminada la serie, todavía vuelve a ocuparse el correo español de nuestro cine, o, más propiamente, de sus intérpretes, quizá queriendo imitar el ejemplo de los éxitos (en su país y en todo el mundo) que Norteamérica dedicó a sus estrellas. Es en el año 2000, con ocasión de la Exposición Mundial de Filatelia que tiene lugar en Madrid, en el Pabellón de Cristal de la antigua Feria del Campo, que además de ser exposición vuelve a ser feria, es decir mercado.

Tal vez por eso se piensa (aunque esa no sea la finalidad primaria de Correos, porque no es la razón principal de los sellos) en hacer un “producto”, según la terminología empresarial al uso, de fácil venta que se combina con los boletos de entrada de los visitantes: son unas hojas-bloques que pueden resultar atractivas para los aficionados a los temas más populares, incluso sin ser necesariamente coleccionista de sellos: la música moderna, el cine, el ciclismo, el fútbol, el baile, la televisión, la radio...

En ellos figuran el rostro o los rostros de las figuras más populares de cada ámbito, aunque naturalmente, por la norma  existente por ahora, no en el rectángulo dentado que es propiamente el sello, que se reserva exclusivamente a los que ya no están entre nosotros, y en el que se lee el precio, el nombre de “Correos” y el de España con algún logotipo o símbolo. En el caso de la hojita-bloque, de 200 pesetas como todas, dedicada al cine, se ve el retrato de Antonio Banderas, seguramente el más internacional, el más cotizable de nuestros actores cinematográficos. 

El experimento debió de dar buenos resultados a Correos, porque, sin tardar mucho, en 2002, con motivo de otra Exposición Mundial, aunque ésta de Filatelia Juvenil, celebrada en Salamanca, se repitieron las hojitas-bloque y los temas, y hubo una de estas hojas (que apenas se usan para el franqueo pero que repercuten en el bolsillo del sufrido filatelista) dedicada al cine, que en el sello propiamente dicho reproduce una claqueta en la que se pueden leer los nombres de Paco Rabal, Iciar Bollaín y Julio Medem, y en lo que podemos llamar “zona no postal” las efigies de estos tres destacados cineastas españoles. Es curioso anotar que muy pronto Francisco Rabal tendría, al fallecer poco después, el triste derecho de poder ilustrar un sello de su patria, sin quedar marginado entre los vivos. 

Con esta serie se pone fin, por ahora, a los homenajes de la Filatelia española al cine. Ni muchos ni muy excepcionales en originalidad, inventiva o novedad. Pero menos es nada, y como antes decíamos, los suficientes para que España esté presente en cualquier colección temática de “Cine”.

También es la hora de terminar este rápido repaso del cine en los sellos que, por falta de espacio ha tenido que dejar tantas cosas fuera. Puede que valiera la pena poder hablar de algunos temas marginales que no hemos tratado, como de los sellos de Festivales, o el del abuso y deterioro que han hecho de los dibujos animados de Disney algunas administraciones postales con sus aluviones de sellos-cromos. O también, que sería muy grato, dar la vuelta a esta relación cine-sello,  que esta vez hemos visto desde la vertiente del cine en los sellos, y contemplarla desde el lado de los sellos en el cine. Hay películas suficientes para un buen programa.

 

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