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Don Juan en celuloide

Por Antonio García-Rayo


La Obra original de Tirso de Molina “El burlador de Sevilla” fue escrita en 1625 con sello español, como su autor. Moliére terminó en Francia su “Dom Juan ou Le Festin de Pierre” en 1665. El italiano Lorenzo da Ponte entregó el libreto sobre “Don Giovanni” al vienés Wolfgang Amadeus Mozart en 1787. El británico Lord Byron escribió “Don Juan. Poema épico” en 1821. “Don Juan Tenorio”, de José Zorrilla, se representó por vez primera en el teatro español durante 1844, mientras que la obra teatral del inglés George Bernard Shaw “Man and Superman” aparecía en 1903, cuatro años antes de que otro francés, Guillaume Apollinaire, diera a imprenta su novela “Les exploits d'un jeune Don Juan”. Estas siete piezas literarias –del género novelesco, teatral y lírico– han servido de base a la amplia producción de donjuanes que han sido filmados a lo largo de más de cien años de historia del cine. Don Juan es un personaje universal que ha rebosado salud en todas las artes anteriores al cine, convirtiéndose en uno de los grandes personajes que han saltado con absoluta naturalidad de siglo en siglo. Y para homenajearlo, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla le ha dedicado una extraordinaria exposición en esta ciudad, comisariada por José M. Rodríguez Gordillo y Luis F. Martínez Montiel. Cuando nuestra presente edición salga de la imprenta, aún podrá visitarse en la Sala de exposiciones de Santa Inés, donde ha estado expuesta entre el 10 de diciembre de 2009 y el 14 de febrero de 2010.

Si el primer burlador leído es totalmente español, el primero que vemos en este periplo cinematográfico del que se tiene conocimiento, basado en la obra de Zorrilla y titulado igualmente Don Juan Tenorio, es mexicano. Fue filmado en 1898 por Salvador Toscano y apenas alcanzó los 5 minutos de duración (lo que duraban entonces las películas). Más o menos la misma extensión tiene el segundo Don Juan Tenorio, esta vez dirigido por el pionero español Ricardo de Baños, que junto a Alberto Marro fundó la productora Hispano Films en Barcelona. Con ella sacó adelante este sencillo Don Juan, al que daba vida Cecilio Rodríguez de la Vega. El crítico e historiador Luis Gómez Mesa, dice de él que es un “Drama-religioso-fantástico. Escenografía escénica de telones pintados. Algunas copias fueron coloreadas a mano fotograma por fotograma, y ello les daba especial encanto de cromos ingenuos. Siete cuadros muy rápidos: Siete minutos de duración, de igual título que en el texto de Zorrilla: 1: Libertinaje y escándalo. 2: Destreza. 3: Profanación. 4: El diablo a las puertas del cielo. 5: La sombra de Doña Inés. 6: La estatua de Don Gonzalo. 7: Misericordia de Dios y apoteosis de amor”. Ricardo de Baños repitió la experiencia 13 años después con otro Don Juan Tenorio –también mudo– que “Se llevó a cabo con esplendidez y lujo, interviniendo en el reparto lo más florido de la cinematografía catalana”. A Don Juan lo encarnaba Fortunio Bonanova.

José Zorrilla ha sido el autor más utilizado en la réplica cinematográfica de Don Juan, un personaje que nace en Sevilla y empieza a burlar mujeres y maridos en tierras españolas en la obra de Tirso de Molina. Y, como es lógico, España es la cinematografía más fiel a este conquistador mujeriego que lleva sus seducciones por casi toda Europa y acaba cayendo en la sima seductora de doña Inés, después de haberle matado al padre en un duelo de reparación de la honra familiar y cuando está a punto de entrar en el Infierno. Veamos qué hace el cine con este autor español y con su personaje, escrito para ser representado –al menos así ha ido derivando– en los teatros unos días antes de la fiesta de Todos los Santos. No en vano, la trama zorrillesca está reflexionada desde la seducción más escandalosa y aventurera hasta el remordimiento y el arrepentimiento, conmutando así la pena de una condenación eterna por la de salvación in extremis. Y ello gracias a Doña Inés. Otros burladores zorrillescos destacables son los del mexicano Enrique Rosas (Don Juan Tenorio), filmado en 1909, el del español Juan Andreu (El señor Don Juan Tenorio, 1927, con José Benítez como protagonista), el del también mexicano René Cardona (Don Juan Tenorio, 1937, como director y como actor), y el de Luis César Amadori (Don Juan Tenorio, 1949, con Luis Sandrini).

Así llegamos al que, para muchos, es el mejor Don Juan que se ha filmado en España: el de José Luis Sáenz de Heredia, película presentada en el XI Festival de Venecia –corría el año 1950– y del que el prestigioso crítico e historiador italiano Carlo Verdone, después de verla en una sala del festival, dijo: “Se trata de una película psicológicamente profunda y narrada con excelente ritmo” (“Veinte anni di cinema a Venecia”. A Cura della Mostra Internazionale D’Arte Cinematografica: 1932-1952”. Roma 1952). Un Don Juan basado no solamente en Zorrilla, sino en algunos pasajes de la obra de Tirso de Molina. Producida por Chapalo Films y distribuida por CIFESA, su lanzamiento nacional mereció un despliegue publicitario al estilo de Hollywood.

Este Don Juan se halla dispuesto a traspasar el pecado del sexo, en tiempos inciertos e inquisitoriales, por sus dos extremos más comprometidos: el de la “violación” de la doncella virgen y el de la mujer casada. Da lo mismo que sea consentida –en este caso ya no se trataría de violación sino de seducción–, porque para la Iglesia, que es quien manda en esos momentos, no solamente de palabra sino con la ley y las armas, se trata de violar, y esta vez va sin comillas, una de sus creencias más sagradas: la virginidad de la mujer, de cualquier mujer –ya sea doncella o casada–, que no puede ser removida sino por el acto sagrado del matrimonio y no de cualquier matrimonio, sino de su matrimonio. Ir contra este precepto, seguramente, es el mayor placer que experimenta Don Juan, más que el propio acto sexual y, con él, el de subvertir la institución más sagrada para ésta y cualquier religión: la familia. Unas veces colocando al padre en la defensa del honor de la hija; o la del propio marido tratando, en otras, de lavar el suyo de la afrenta ocasionada por este libertino personaje, que lo que busca es el placer de limpiarse sus sucias manos en la moral de su tiempo. Hay también una evidente exaltación del machismo –que lleva implícita la sumisión de la mujer–, tan arraigado en nuestra raza y en nuestros genes hasta hoy. Don Juan es hombre, los defensores de la moral que subvierte son hombres (el padre, el marido), los personajes que acompañan sus desenlaces son hombres... ¿Y las mujeres? De alguna manera “eligen el pecado” de estar con Don Juan con entera libertad –tentación diabólica, según el punto de vista moral religioso–, pero ocupan en el drama teatral y en el de la vida misma una posición pasiva, de la que no se defienden –porque probablemente no haya razón para hacerlo–, dejando que sea un hombre (el padre o el marido) quien lo haga, sin su consentimiento, claro. Esta realidad nos llevaría a la propiedad privada de la mujer respecto al hombre y de aquí al machismo y a todas sus desdichas y desventuras que siguen siendo, al día de hoy, de enorme y dramática actualidad.

Dos años después de la película de Sáenz de Heredia, otro director español se enfrenta al personaje de Zorrilla: el Don Juan Tenorio que Alejandro Perla filma en 1952, y cuyo burlador encarna Enrique A. Diosdado, sigue la trayectoria de la obra teatral del autor vallisoletano. Pero tiene una particularidad: los decorados son de Salvador Dalí. “Este curioso experimento –escribe Luis Gómez Mesa en la obra citada anteriormente– es el trasplante íntegro, la filmación de la obra como se representaba en el teatro nacional María Guerrero, con la novedad –anunciadísima– de los decorados de Salvador Dalí, con reminiscencias Del Bosco, más o menos acopladas a su estilo tan personal”.

El último Don Juan abordado por el cine, hasta la fecha, aunque en realidad no sea el personaje principal de la película, es Io Don Giovanni que Carlos Saura rodó a caballo entre 2006 y 2008 y que, en nuestro país, no se ha estrenado todavía por problemas con la productora. El cineasta español ha preferido centrar su argumento en Lorenzo da Ponte, durante el breve periodo de su vida en el que entra en relación con Mozart para escribirle varios libretos, entre ellos el de “Don Giovanni”. Y ya que estamos con Lorenzo da Ponte y Wolfgang Amadeus Mozart, recordaré otros ejemplos de películas realizadas sobre el libreto y la música de estos dos genios (más el último), contemplados desde el enfoque –en algún momento al menos– de la creación de su “Don Juan”. A diferencia de los demás burladores de tradición hispana –por lo tanto de moral cristiana– el Don Juan de da Ponte no se arrepiente al final de la obra y es enviado al infierno sin contemplaciones por medio de un fogonazo filarmónico. Soberbio Amadeus (1984) el de Milos Forman, donde el Burlador es una simple pieza más de la trama, dedicada fundamentalmente a Mozart. En la línea de resaltar la relación del libretista y el músico, se mueve la película rodada en 1955 por Walter Kolm-Veltée, (Don Juan), con Cesare Danova haciendo de tenorio. Joseph Losey dirige en 1979 Don Giovanni, con el gran tenor italiano Ruggero Raimondi encarnando al Burlador. Treinta años después, el cineasta belga André Delvaux filmará Babel Opera ou la répétition de Don Juan de Wolfgang Amadeus Mozart, su penúltimo largometraje que es, según señala el crítico Santiago Rubín de Celis en la revista “Miradas de Cine (número 86, mayo 2009),“Una mezcla de ficción y documental concebido como una fantasía musical entorno a los ensayos de una representación (auténtica) del Don Giovanni de Mozart sobre la que se introduce la planificación, por parte de un cineasta, del rodaje (ficticio) de la misma, reproduciendo en forma de espejo las situaciones de la ópera de Mozart”.

El “Don Juan” de Lord Byron ha sido utilizado por el cine en varias ocasiones. La primera de todas en 1926, con Alan Crosland de director y John Barrymore dando vida a un tenorio que, si aceptamos las palabras del historiador Carlos Fernández Cuenca, “Reflejaba, en cierto modo, sus propias debilidades, sus arrebatos de pasión, sus inconsecuencias, sus malabarismos amorosos y su íntima tendencia a la aventura” (“Historia del Cine: la luz se hizo verbo”. Afrodisio Aguado. 1950). La distribuidora española que lo trajo a España, Selecciones Gran Luxor Verdaguer, diseñó un lanzamiento publicitario que decía: “Aun hoy en día, en estos tiempos de materialismo positivo, Don Juan, con su romanticismo rompe con el ambiente y, de año en año, renueva sus horas de amor, de pendencias y locuras. Es eterno, y mientras el amor agite nuestro pensamiento y haga hervir nuestra sangre, Don Juan será el compendio de esas horas únicas de ambrosía y felicidad que él supo gustar con osadía y desenfado”. Pasarán 68 años antes de que aparezca otro Don Juan de Byron de cierto interés: el Don Juan DeMarco dirigido en 1994 por Jeremy Leven, con Johnny Deep en el papel de Burlador.

Marcel L’Herbier rodó en 1922 su Don Juan y Fausto con Jacques Catelain en el papel del Burlador y Vanni Marcoux en el de Fausto. El Don Juan Diplomático, realizado durante 1931 en Hollywood por la Universal, pasó en la cartelera de entonces sin pena ni gloria. Era una película con dos directores: norteamericano uno (George Melford) y mexicano otro (Enrique Tovar Ávalos), dirigiendo a un actor de cierta notoriedad entonces, el mexicano Miguel Fausto Rocha, que se convertía en el seductor que va de un lado para otro gracias a su cargo de embajador. En 1925, Hollywood había estrenado una de esas películas producidas para mostrar la idea que tenían allí de España y de los españoles. El vaquero sevillano, que así se llamaba, la interpretaba el caballista (eso eran entonces los vaqueros tipo, más tarde, Gary Cooper o John Wayne) Tom Mix. “Su maravilloso potro Tony Malacara y él –decía la publicidad previa al estreno– llegaban a Barcelona el día de todos los Santos en la superproducción gigante de la Fox de ambiente español y tenoriesco”. El crítico de la revista “El Cine”, en su número 761, correspondiente al 11 de noviembre de 1926, señalaba lo siguiente a propósito de la película filmada por John G. Blystone: “Si esta película fuese como todas las que hace Tom Mix nos hubiera gustado más. Hacia mediados de la película nos presenta una reconstrucción de la vida de Don Juan bastante arbitraria, cosa que se le puede perdonar a los americanos por ser, según nos explican los títulos, el sueño de un vaquero influenciado por la lectura de la leyenda de Don Juan”. Siguiendo con esta cronología de personajes donjuanescos destacables, tenemos el que interpreta Joseph Schildkraut en 1927 para Marshall Neilan en la película Un Don Juan; y el que en 1934 filma el productor y director Alexander Korda con el título de La vida privada de Don Juan, la última que interpreta Douglas Fairbanks, con 51 años a cuestas, un tanto añejo para el papel.

Y llegamos así a 1948 y a Hollywood de nuevo para encontrar el primer Don Juan en superproducción de la posguerra. Se trata de El Burlador de Castilla, dirigida por Vicente Sherman para la Warner Bros. Y Don Juan es nada menos que Errol Flynn. “Un drama –decía la publicidad de la época– intensísimo de amores ocultos, intrigas cortesanas y asombrosas proezas. El lujo suntuoso del palacio real, las traiciones pavorosas de los falsarios de la corte, la vertiginosa acción en que alternan todos los personajes, las fugas, las persecuciones, los asaltos de esgrima y los duelos a muerte. En cada hombre se oculta un Don Juan, pero en Errol Flynn más que en todos… Media docena de mujeres irresistibles lo conquistan, otros tantos maridos lo amenazan, pero él sale triunfante, porque es fuerte, varonil y decidido”.

Y de Los Ángeles a Europa de nuevo, y a España en concreto, donde el cineasta francés John Berry se encarga de dirigir una versión libre del mito. Su título El amor de Don Juan, aunque en realidad más que de Don Juan –encarnado por Erno Crisa en papel secundario– se trata de un falso Burlador, creado adrede para destacar la figura del genial actor cómico francés Fernandel.

Ingmar Bergman –que rodó para televisión varias versiones sobre el mito–, dirigió en 1960 su gran película sobre el amante español con el título de El ojo del Diablo, donde el papel principal recae en Jarl Kulle. En realidad, más que sobre un amante, es sobre un personaje presuntuoso y amargado que acaba fracasando en el cometido que le encarga el Diablo. La historia es del propio Bergman basada en un proverbio de origen danés. “Al Demonio –cuenta el argumento– le ha salido un orzuelo en un ojo y dos compañeros suyos, que en vida fueron disolutos y gozan de su confianza, le aseguran que un orzuelo en el Diablo significa la castidad de una mujer. Así se descubre la existencia de una joven virgen que va a contraer matrimonio, hija del pastor de una parroquia sueca de aldea. Para evitar esta buena acción y solucionar, de paso, lo del orzuelo en el ojo, Satanás envía a la tierra a Don Juan, al que acompaña su fiel criado, que se hacen amigos del pastor. A pesar de que empeña toda su seducción en atraerse a la muchacha para sus planes y los del Diablo, Don Juan fracasa y regresa al infierno donde rinde cuentas a Satanás, mientras el criado decide quedarse en la tierra, donde ha encontrado la felicidad”.

Y abrasándose vive otro Don Juan, el de Gonzalo Suárez, filmado en 1991 con el título de Don Juan en los infiernos, interpretado por Fernando Guillén. Don Juan es un personaje masculino, pero ¿Y Si Don Juan fuese mujer? Con este título, Roger Vadim trató de plantearnos esa eventualidad en una película que filmó en 1973. Si las mujeres no podían resistir los encantos de ese libertino sevillano, imagínense ustedes, con idénticos atributos físicos –pero en hembra–, la imagen seductora de una Doña Juana con el cuerpo y el rostro de Brigitte Bardot.

Aún quedan bastantes burladores cinematográficos, de una u otra tendencia, y muchas películas con evidentes muestras de donjuanismo. Es el caso de El nieto de Don Juan, interpretado por Rodolfo Valentino a las órdenes de James Vincent en 1920 para la American Cinema Corporation. Valentino –a punto de alcanzar la fama con Los cuatro jinetes del Apocalipsis (Rex Ingran)–, es el personaje de Jacinto Pereira (José Dalmárez en la novela original de H. Thompson Rich), un escritor de origen brasileño que por sus dotes seductoras y de malvada inspiración, es denominado “nieto de Don Juan”. En 1922 hallamos otros tres burladores: el Don Juan de Edwin J. Collins y Joseph R. Tozer de intérprete; el ídem de Albert Heine, con Hans Adalbert Schlettow de amador; y un tal Der eingeweichte Don Juan, de William Karfiol, del que no poseo más datos. La cinematografía danesa tiene su burlador en Byens Don Juan, dirigido en 1924 por Gerhard Jessen (desconozco quién interpreta al sevillano). Y para celebrar su cincuenta cumpleaños, el director francés Henri Étiévant filmó Les cinquante ans de Don Juan (1924) –que también lleva el título de Le réveil de Maddalone– con Charles Vanel de protagonista.

En la década de los cuarenta, la industria cinematográfica italiana aborda sus aventuras amorosas y de todo tipo: concretamente en Don Giovanni (1942) de Dino Falconi (Don Juan es Adriano Rimoldi) y Il segreto de Don Giovanni de Camillo Mastrocinque, con Gino Bechi que encarna a un personaje llamado Claudio Tancredi. De mejor factura es Il Don Giovanni in Sicilia, filmada por Alberto Lattuada en 1967 con Lando Buzzanca –actor cómico muy en boga por esos años– haciendo de Giovanni Percolla (personaje extraído en la novela de Vitaliano Brancati “Don Giovanni in Sicilia”).

De la producción donjuanesca española aún no mencionada, recordar una película mexicana y dos españoles. El primero lo dirige en 1967 el cineasta de origen español y exiliado en México tras la Guerra Civil, Carlos Velo, con el título de Don Juan 67, una historia en la que David Reynoso encarna a un moderno y millonario Don Juan que sólo vive para seducir mujeres. Las producciones españolas son Viva/muera Don Juan tenorio (1977) y Amar y morir en Sevilla (Don Juan Tenorio) (2001), dirigidas respectivamente por Tomás Aznar (el Burlador es Lorenzo Santamaría) y Víctor Barrera (con Antonio Doblas). Hay más de cien donjuanes con vestuario de celuloide hasta hoy. Y parece que habrá muchos más en el futuro.

 

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