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La fotografía como estímulo para el público

La industria cinematográfica ha utilizado la fotografía para promocionar las películas desde, prácticamente, sus inicios. Se han perdido la mayoría de las imágenes que los fotógrafos pertenecientes a las compañías pioneras como Pathè, Gaumont, Eclair, George Meliès o Edison, hicieron para que los exhibidores de inicios del siglo pasado las colocaran en las barracas, de lona primero, madera después y, finalmente, en los primeros cines de ladrillo, cuando, a partir de 1910, los citados Pathè y Gaumont crean, en Francia, los fundamentos de lo que hoy conocemos como distribución.

Aquellas fotografías las fijaban los exhibidores en carteleras junto al afiche, para que el público las viera y se hiciese una idea del argumento de la película. Tras nacer la prensa cinematográfica, también por esta segunda década del siglo XX, el productor y el distribuidor ampliaron el servicio a estos medios de comunicación que las imprimían sin muchos miramientos, ya que, para ellos, lo principal, era escribir los larguísimos textos, casi siempre farragosos, donde contaban el argumento de la película.

Cuando los protagonistas empezaron a ser conocidos y admirados por el público (lector de estas revistas), la fotografía adquirió en ellas mayor relevancia, otorgándole más tamaño y ofreciendo la imagen, en primer plano, del actor o, en una visión más amplia, de las escenas más trepidantes de la película. Fueron los franceses y norteamericanos quienes descubrieron la importancia de la fotografía como medio de promoción de un título o de alguno de sus protagonistas (su mayor audiencia aseguraba el fin perseguido de convertir la película en un éxito).

Y fue Hollywood quien logró transformarla en el método de comunicación más fabuloso y fiable para lograr el estímulo inicial del público. Desde 1915, aproximadamente, todas las películas tenían ya su fotógrafo profesional, que permanecía junto al equipo de la película durante todo el tiempo de rodaje. Hasta hoy. Además, Hollywood convirtió la fotofija (así se llamará a partir de entonces quien ejerza esta profesión) en un Arte y, sin quererlo, en un depósito de información único de la historia de muchas películas, al haber desaparecido éstas.

Tanto para el exhibidor como para el periodista, la imagen fotográfica de una película ha sido siempre de gran valor, por diversos motivos. Pero para el productor, el motivo era siempre el mismo: utilizar las carteleras de los cines y las revistas cinematográficas (y más tarde cualquier medio de comunicación) para informar de cuanto estaba haciendo. Esto fue y ha sido siempre publicidad gratuita. Por eso no escatimaron en gastos entonces –ni escatiman en nuestros días, aunque la fotografía ya es digital y se descarga desde internet–, hasta el punto de que el fotofija ha disparado cientos y (en la era de las cámaras digitales) miles de fotografías; imágenes que se envían por todo el mundo para “abrir el apetito” del público.

Imágenes de todos los tipos: de la película, del actor o la actriz, de director, de éste rodando (sólo o en compañía de los principales intérpretes), del cámara, del compositor, del escenógrafo, del guionistas (pocas veces) o del propio productor. En blanco y negro cuando no había color, pero también entonces coloreadas (en sepia o azul), o en vivos colores (aunque la película fuese en blanco y negro) para resaltar su fuerza.

Esto es lo que mostramos en esta sección, por donde desfilarán imágenes de todas las épocas de la industria cinematográfica: desde sus inicios hasta ahora. Muchas de ellas serán únicas. Las mostraremos tal como fueron impresas. Es una forma de entrar en la Historia del Cine.

 

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